es difícil tener muchas certezas, pero todos guardamos algunas nociones más bien mínimas e inmutables a las que podemos acudir de vez en cuando. por ejemplo, los odios fundamentales. esas cosas que están increíblemente probadas y de las sabemos que nunca, ni con jarabe para la tos, nos van a hacer tragar. no tiene demasiado sentido pasar nuevamente por estas cosas, como no sea cada diez años en un espíritu puramente científico. o cada menos tiempo, en un ánimo masoquista o penitente. pero en general son cosas de las que sabemos mantenernos alejados.
esas cosas son la claridad. y los suicidios de los lituanos.
espero que ejercites la culpa en sanas y regulares sesiones. en vista de que eres insalvable desde todos los demás frentes no me queda más que esperar que tengas la pequeña y privada delicadeza de sentirte mal de vez en cuando, un disco antes de dormir. debe haber alguien que compense esas cosas, la posibilidad, al fin y al cabo, de ser grande en el panteón de los héroes olvidables. el sufrimiento es una bella de entrar. no me preguntes cómo. funciona y punto.
están buenas, usan colita al lado et al. pasan dando saltitos en pequeños cardúmenes, entrando y saliendo de los shoppings, fumando ostensiblemente, diciendo a gritos no sabés. ang ang ang.
están bien para recrear la vista, pero funcionan mejor en foto. tengo la impresión de que están convencidas de que todos estamos interesados en su opinión de las cosas. no es así. para darles crédito habría que decir que visten bastante bien; a veces hasta con pantaloncitos muerdenalgas y camisetas de algodón sin nada por debajo.
son una instalación andante que se desarma como línea de tiempo, del lado de allá, a la izquierda, las tienen gloriosas y chillonas. del otro lado, a la derecha las tienes varios años más viejas, en ángulo de 90º y con olor a sección de carnes.
hablan tan poco nuestras perversiones… como si tuvieran miedo de mostrarse, sabiéndose pequeñas e insignificantes. acaso se sienten un poco disminuidas por tanta ostentación ruidosa, mal tejida y amasada. nuestras perversiones se saben íntimas, personales, herederas de los malos tiempos de la escuela y la economía de nuestros padres.
nuestras perversiones son blancos móviles perfectos, inalcanzables.
lo concreto se quema y se gasta. en cambio el bosque oscuro que crece delante de nosotros; ése es el quid del asunto. estiramos los brazos sin poder tocarlo, morimos de ganas caer en él. las primeras veces no son difíciles, bosques de boy scot, islas de centro comercial. una vez dentro caemos en cuenta del montaje, los árboles de caja y la máquina de humo. y buscamos otro bosque, éste más profundo y verdadero. insondable como un misterio que nos trague, nos babee y nos cubra con la lengua rasposa. una causa por la que valga la pena morir, ceder, entregarse. como el orgasmo de la virgen maría, como el placer insoportable de los mártires.
todo esto mientras vamos en el bus o hacemos la fila del supermercado.
¿qué pasa cuando dejas a tus amigos atrás al punto de que casi nada de lo que tienen para decirte te puede interesar? ¿cuando la gente que admirabas de pronto se ve tonta, confundida, quizá tiernamente atrapada por una idea pegajosa? es fácil ver las vías muertas; mucho más jodido tener una noción, aunque sea corta y parcial, de a qué acercarse.
encontrar un misterio que te sobrepase y creer en él debería ser un curso obligatorio en las escuelas. yo he ido asesinando los misterios y no me queda más que una colección de ideas interesantes y difícilmente conversables. inmoralmente conversables.
soy un esqueleto de cachalote en el museo de ciencias naturales que mira, sin moverse, a los visitantes.
vivo en un observatorio de lesbianas que no son más que una forma vaga de lesbianas, lesbianas sin cara ni nombre pero cunt slappers, chapoteadoras al fin y al cabo. lesbianas que no conozco pero que entiendo como una instancia de la lesbiana universal en dos copias, posiblemente con las tetas más y menos grandes. realmente podrían ser cualquier persona, lo único importante viene a ser la ventana abierta y la posibilidad de un brazo, una pierna, un cojín con forma de coño. lesbianas que son algo así como un texto escrito a la rápida, una cajita con una equis, un post it. veni vidi lesbi.
últimamente la gente toma esta forma, no de lesbiana, sino de cosa genérica. de cosa que está ahí hablandome difusamente de todos los de su clase. instancias de instancias, platón estaría orgulloso. la calle se parece a un videojuego de bajo presupuesto, donde se repiten los escenarios y los transeuntes con pequeñas o nulas variaciones.
esto ocurre desde hace un tiempo, pero soy lento para darme cuenta. es posible que haya sido tan lento que yo mismo sea una cosa difusa que habla de otra cosa, una etiqueta que dice “aquí estoy”.
supongo que ese es el punto. ser metafórico y analítico hasta no dejar en pie nada entrañable.
me la suda veinte veces el estado del mundo, los terremotos en japón, la bolsa y los condones rotos. me dan exactamente igual las posiciones sexuales del vecino, que antes me podrían haber interesado. yo apenas quiero un perro que me mire con ojos grandes y me salude por mi nombre. mientras llega o lo alcanzo pienso en los momentos coronados por la estupidez que todos guardamos en nuestros álbumes familiares. hablo mucho de esto, pero casi siempre de lado. es parte de la gracia de tener cajones de memoria. las posibilidades de remezcla son sofocantes y analógicas. la infinita variación de las partes pequeñas de los temas, los temas haciendo el amor con los temas. entre tanta actividad romana no es de extrañar que cundan la decadencia y el caos más básico. en todo caso, también hay felices coincidencias, aunque no más sea, felices para sí mismas. los pedestales que se forman casi sin que nos demos cuenta, como si en el centro tuvieran algún imán con la capacidad de atraer las mierdas más raras. vamos formando estos jardines de chatarra, curándolos, haciendo breves peregrinajes a ellos para escapar de la realidad anodina que los forma. no es tan reprochable como suena, al fin y al cabo es una forma sana de matar el tiempo. qué sería de los ratos muertos en las oficinas sin las mitologías personales. una carnicería emocional, las páginas de una guía telefónica.
cuando caemos en cuenta de la vulgaridad de estas estatuas algunas se quiebran, se desdibujan, se evaporan sin más. entonces sonreímos pensando qué es bueno hacer limpieza, que el espacio importa y que las matemáticas no son tan malas. y mientras lo hacemos los trozos despegados empiezan a unirse en otra mole, nuestro nuevo templo con pendientes de tejas.
el enorme potencial estético de la tristeza, de cualquier estado vulnerable y pequeño. los puntos bajos, que son muchas veces los más brillantes que alcanzamos. la dulzura después de haberse vaciado de todo, el revisionismo y la inercia. este exilio de algo sirve, aunque ni yo mismo sepa de qué. por un lado las cosas son más lentas y tranquilas. apenas me entero de lo que pasa en el mundo y apenas me importa. he tenido bastante tiempo para pensar y he pensado poco. pero siento que algo va agarrando forma, algo que todavía no quiero terminar de enfocar. un poco como un brazo que se va desentumeciendo, o recuperando la capacidad de moverse después de un golpe. alguna cuerda que todavía vibra, y que no quiero terminar de joder. algo, no sé…
las tajadas de tiempo en que nos damos cuenta de algo, los eurekas. las reivindicaciones de mi generación son pocas y básicamente inútiles. aún los que tenemos una noción de la gravedad del asunto terminamos apalancados en un limbo incómodo. y no me refiero sólo a las decepciones ejemplares sino a algo más cotidiano; la izquierda automática, por ejemplo. la gente que quiso ser amable y ahora se encuentra dando vueltas como un perro al que le pica la cola. las militancias que sólo sirven para eso, para militar. también están los tipos de cincuentaytantos que aseguran haber triunfado en la vida. por cristo que dan asco.
que somos esclavos lo sabemos, al menos lo intuímos ambiguamente. que seguiremos siéndolo es la parte difícil. que nos toca representar papeles más o menos eternos, más o menos invariables.
después de probar los juguetes de la civilización nos queda entretenernos con los palitos y las piedras. un recuerdo viejo partido en dos. la puerta amarilla, dentro un curso inútil lleno de señoras gordas como moscas. yo fumo en la puerta y estoy infinitamente triste, infinitamente sólo e infinitamente separado de esos bichos con lentes y papadas. soy un monumento que se deshace en silencio. avanza en el tiempo, avanza unos metros, cambia el ángulo de la toma. listo, ahí me tienes. un cuarteto congelado, un dueto, una nada. un gesto incómodo y apurado. la despedida mediocre que desempacamos a punta de monosílabos. mis ojos viejos y cansados, chocan con otros ojos de animal asustado, que espera el momento de escapar. en esto se resume todo, finalmente. en esto y en las moscas.